jueves 24 de abril de 2008
Otras de Porto Alegre I
Había llevado algunos tabacos para Buenos Aires. Ese día, entre las cervezas y el aire dando vueltas, encendí uno. Por supuesto no podía faltar la foto.
Unos churrasquitos (para nosotros serían pinchos) como a las 10 de la noche, saliendo de una jornada de estudio. Se perdieron mi foto comiendo...
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jueves 17 de abril de 2008
PRIMERAS FOTOS
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domingo 13 de abril de 2008
Primeras noticias
El viernes estuve en una exposición de fragmentos del diario de Anna Frank y dibujos de niños y niñas que estuvieron en campos de concentración, me conmoví y me temblaba la piel y me miraban los ojos tristes pero esperanzados. Anoche vi una maravillosa puesta en escena de “Sueño de una noche de verano”, que por cierto me gusta mucho. Con mas tiempo seguiré escribiendo y pondré algunas fotos.
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martes 8 de abril de 2008
De viaje
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jueves 3 de abril de 2008
Retazos
“El viento de la tarde revuelve la cortina. La mano del recuerdo me aprieta el corazón. La pena del otoño agranda la neblina”. Afuera la lluvia los moja y los ahuyenta. Una mujer se levanta y cierra los ojos; los pasajeros de la calle la ignoran. Aquí la recuerdo y todavía no hace frío. En la calle se escuchan los gritos. Adentro todos están sordos.
En la mesa de enfrente, un hombre respira despacio, se fuma un tabaco y cierra los ojos. Podría estarme recordando… si fuera mi padre. Su mirada yace en el fondo del vaso, sus pies se amarran a la silla como dos raíces que van a ser cortadas. La mujer de la esquina se confiesa, mueve los labios pero no habla. Alguien la mira.
“Cuando el suburbio dormita, bajo la lluvia o en noche serena, cruza como un alma en pena las tristes calles una viejecita”. Entra sin cuidado, con sus alas escondidas; están rotas y sucias y no le gusta que las vean. Ya no sabe como limpiarlas y tampoco cómo se llama. En mi espalda se estrellan cantos de grillos y otras voces pálidas tejidas con afán.
Pienso en ella, la invoco. Sus pasos aún no me recogen y ya tampoco tengo ganas de esperar. Miro para otro lado y dejo de pensar. La luz entra por las rendijas de la piel. En un rincón dos hombres trazan sus sueños con pinceles gruesos y dos cervezas. Todavía tienen tiempo.
La pareja de la ventana todavía no se mira. El hombre que podría ser mi padre se vuelve otro. La mujer de la calle está muerta. Aquella de las alas sucias se retira vencida. Los grillos siguen cantando aunque nadie los escucha. Los hombres del rincón piden otra cerveza; sus sueños son largos. La mujer que no habla tampoco mueve los labios. Y yo me quedo y ya no recuerdo.
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domingo 30 de marzo de 2008
PREMIO DARDO 2008
ilusionhada
las verdades que se asoman
Sandra Becerril
Conciencia personal
Ni contigo (...)
Las palabras son mis ojos
El diario de Veronika
Alejandrilandia
El arte de lo inútil
Dinora
Ojos de Café
Canto de espumas
Ficciones irrelevantes
Trazos de piel
De Bohemia
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miércoles 26 de marzo de 2008
Cartas desde el olvido *
Esa mañana, sin falta, llegaría el correo con alguna noticia. La profecía de su fracaso lo tenía claro: no iba a ser buena, igual que las otras. Las cartas con el borde arrugado y la letra temblorosa. Sus ojos en el piso. Los giros y los giros. Su vida un círculo que no se cierra. Los giros. Y de nuevo. Las cobijas apretaban sus sueños, los retenían. No los dejaban salir. Se retorcía entre las sábanas buscando el silencio. Del otro lado de la ventana los gritos del mundo estaban en pie. No descansaban, no saciaban su sed ni con las lágrimas ni con la lluvia. No lo necesitaba, no lo soportaba. Bastaban sus recuerdos amarrados al borde la cama. Esos si eran insaciables.
Ya estaría por llegar la carta. Su perfume envasado en varias palabras afanadas y en muchos puntos y comas. Telegrafiaba sus emociones, les cortaba las alas casi antes de nacer. La carta pasando la calle, pisando la acera, rompiendo alguna flor del jardín. Y en el buzón. Y entonces eran él y la carta en una batalla que desde el comienzo ya estaba perdida. Pondría sus pies el suelo, bajaría las escaleras, buenos-días-vengo-por-mi-correo, volvería a subir, se sentaría mirando la calle, abriría despacio el sobre, contendría la respiración y leería con dificultad. Sólo entonces recordaría que había prometido no volver a leer sus cartas.
Los gritos pausados de la puerta del edificio lo devolvieron a la hora y al calor y a la- carta-que-ya-está-dentro-del-buzón. Las manijas. Los huesos. Los giros. La mañana que desapareció. Los giros. La ventana abierta. Todavía estoy aquí escondido y tengo calor.
* Gracias Celina
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