Quedan más fotos. Quiero guardar algunas para contar después otras historias. Después del foro del fin de semana, que por cierto resultó muy bien, dejé Porto Alegre. El martes llegué a Buenos Aires, todavía no me recuperó de la emoción (y creo que no lo haré). Ya les contaré.
jueves, 24 de abril de 2008
Otras de Porto Alegre II
Otras de Porto Alegre I
Había llevado algunos tabacos para Buenos Aires. Ese día, entre las cervezas y el aire dando vueltas, encendí uno. Por supuesto no podía faltar la foto.
Unos churrasquitos (para nosotros serían pinchos) como a las 10 de la noche, saliendo de una jornada de estudio. Se perdieron mi foto comiendo...
jueves, 17 de abril de 2008
domingo, 13 de abril de 2008
Primeras noticias
Lo prometido es deuda. Aquí estoy. En Porto Alegre, en donde, por fortuna, empieza a bajar la temperatura. Mientras tanto el trabajo sube y el aprendizaje crece. Durante estos días he estado compartiendo con un grupo de estudio sobre alfabetización y procesos de aprendizaje, con una de las personas, investigadora y teórica, que admiro profundamente, además de mi anfitriona. Ahora la tengo a mi lado, hablando de lo profundo y lo sutil; de los sortilegios de la vida y de lo más simple de los días cotidianos.
El viernes estuve en una exposición de fragmentos del diario de Anna Frank y dibujos de niños y niñas que estuvieron en campos de concentración, me conmoví y me temblaba la piel y me miraban los ojos tristes pero esperanzados. Anoche vi una maravillosa puesta en escena de “Sueño de una noche de verano”, que por cierto me gusta mucho. Con mas tiempo seguiré escribiendo y pondré algunas fotos.
El viernes estuve en una exposición de fragmentos del diario de Anna Frank y dibujos de niños y niñas que estuvieron en campos de concentración, me conmoví y me temblaba la piel y me miraban los ojos tristes pero esperanzados. Anoche vi una maravillosa puesta en escena de “Sueño de una noche de verano”, que por cierto me gusta mucho. Con mas tiempo seguiré escribiendo y pondré algunas fotos.
martes, 8 de abril de 2008
De viaje
Durante el próximo mes estaré de viaje, entre trabajo y sueños cumplidos, entre palabras al mediodía y largos silencios al atardecer. Voy dos semanas a Porto Alegre y otras dos a Buenos Aires. Si quieren que les confiese algo, estoy muy emocionado, como un niño cuando sabe que todavía puede volar.
Haré lo posible por estar presente... por leer y por escribir. Además prometo fotos e historias, con olor a tango y mate.
jueves, 3 de abril de 2008
Retazos
La recuerdo a través de un tango que aterriza en mis manos a las seis de la tarde. El aire se mete por los huesos y no sale nunca más. “La tarde está muriendo detrás de la vidriera y pienso mientras tomo mi taza de café”. Miro el reloj, avanza lento. La pareja sentada cerca a la ventana ya no se mira. Por debajo de la mesa sus pies ya no se tocan. Están escapando y no se han dado cuenta.
“El viento de la tarde revuelve la cortina. La mano del recuerdo me aprieta el corazón. La pena del otoño agranda la neblina”. Afuera la lluvia los moja y los ahuyenta. Una mujer se levanta y cierra los ojos; los pasajeros de la calle la ignoran. Aquí la recuerdo y todavía no hace frío. En la calle se escuchan los gritos. Adentro todos están sordos.
En la mesa de enfrente, un hombre respira despacio, se fuma un tabaco y cierra los ojos. Podría estarme recordando… si fuera mi padre. Su mirada yace en el fondo del vaso, sus pies se amarran a la silla como dos raíces que van a ser cortadas. La mujer de la esquina se confiesa, mueve los labios pero no habla. Alguien la mira.
“Cuando el suburbio dormita, bajo la lluvia o en noche serena, cruza como un alma en pena las tristes calles una viejecita”. Entra sin cuidado, con sus alas escondidas; están rotas y sucias y no le gusta que las vean. Ya no sabe como limpiarlas y tampoco cómo se llama. En mi espalda se estrellan cantos de grillos y otras voces pálidas tejidas con afán.
Pienso en ella, la invoco. Sus pasos aún no me recogen y ya tampoco tengo ganas de esperar. Miro para otro lado y dejo de pensar. La luz entra por las rendijas de la piel. En un rincón dos hombres trazan sus sueños con pinceles gruesos y dos cervezas. Todavía tienen tiempo.
La pareja de la ventana todavía no se mira. El hombre que podría ser mi padre se vuelve otro. La mujer de la calle está muerta. Aquella de las alas sucias se retira vencida. Los grillos siguen cantando aunque nadie los escucha. Los hombres del rincón piden otra cerveza; sus sueños son largos. La mujer que no habla tampoco mueve los labios. Y yo me quedo y ya no recuerdo.
“El viento de la tarde revuelve la cortina. La mano del recuerdo me aprieta el corazón. La pena del otoño agranda la neblina”. Afuera la lluvia los moja y los ahuyenta. Una mujer se levanta y cierra los ojos; los pasajeros de la calle la ignoran. Aquí la recuerdo y todavía no hace frío. En la calle se escuchan los gritos. Adentro todos están sordos.
En la mesa de enfrente, un hombre respira despacio, se fuma un tabaco y cierra los ojos. Podría estarme recordando… si fuera mi padre. Su mirada yace en el fondo del vaso, sus pies se amarran a la silla como dos raíces que van a ser cortadas. La mujer de la esquina se confiesa, mueve los labios pero no habla. Alguien la mira.
“Cuando el suburbio dormita, bajo la lluvia o en noche serena, cruza como un alma en pena las tristes calles una viejecita”. Entra sin cuidado, con sus alas escondidas; están rotas y sucias y no le gusta que las vean. Ya no sabe como limpiarlas y tampoco cómo se llama. En mi espalda se estrellan cantos de grillos y otras voces pálidas tejidas con afán.
Pienso en ella, la invoco. Sus pasos aún no me recogen y ya tampoco tengo ganas de esperar. Miro para otro lado y dejo de pensar. La luz entra por las rendijas de la piel. En un rincón dos hombres trazan sus sueños con pinceles gruesos y dos cervezas. Todavía tienen tiempo.
La pareja de la ventana todavía no se mira. El hombre que podría ser mi padre se vuelve otro. La mujer de la calle está muerta. Aquella de las alas sucias se retira vencida. Los grillos siguen cantando aunque nadie los escucha. Los hombres del rincón piden otra cerveza; sus sueños son largos. La mujer que no habla tampoco mueve los labios. Y yo me quedo y ya no recuerdo.
* frases de los tangos Mi taza de café y A media noche
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