Esta semana anda conociendo nuevas tierras. Estoy recorriendo algunos municipios del departamento de Putumayo para reunirme con profesores que se encuentran desarrollando un trabajo de alfabetización con adultos.
Hoy fue, después de un largo recorrido ida y vuelta, un bonito día. Estuve reunido con maestros indígenas del municipio de Sibundoy, a tres horas de Mocoa, la capital del departamento. El viaje es un paseo a través de las montañas, con un profundo precipicio del que las camionetas se separan por sólo centímetros. El paisaje verde, la naturaleza soplando en el oído. Despúes de tres horas el pequeño municipio aparece en el valle como un cuadro de formas inconclusas mirando al cielo.
Durante cinco horas recorrí sus calles, conocí una escuela indígena bilingüe con énfasis en desarrollo artesanal, profundicé con los docentes en el estudio de la metodología de alfabetización, recibí una serenata de música tradicional y un lindísismo butaco de regalo. Durante esas cinco horas sentí una tranquilidad y una profundidad que no es cotidiana en la vida acelerada de la ciudad, que no es común para mi, sobre todo en esta época, pero que de alguna manera siempre estoy buscando.
Quedaron muchas cosas personales pendientes: un recorrido por el Valle, subir al mirador a observar el paisaje, hacer un limpieza con una toma de yagé, escucha los relatos de los indígenas, aprender, sentir...
Me quedo con muchas sensaciones de esta visita. Ahora estoy de nuevo lejos de ese mundo. Ahora estoy de nuevo sentado frente a un computador. Mañana continúa el viaje