miércoles, 19 de septiembre de 2007

Noticias de viaje

Esta semana anda conociendo nuevas tierras. Estoy recorriendo algunos municipios del departamento de Putumayo para reunirme con profesores que se encuentran desarrollando un trabajo de alfabetización con adultos.
Hoy fue, después de un largo recorrido ida y vuelta, un bonito día. Estuve reunido con maestros indígenas del municipio de Sibundoy, a tres horas de Mocoa, la capital del departamento. El viaje es un paseo a través de las montañas, con un profundo precipicio del que las camionetas se separan por sólo centímetros. El paisaje verde, la naturaleza soplando en el oído. Despúes de tres horas el pequeño municipio aparece en el valle como un cuadro de formas inconclusas mirando al cielo.
Durante cinco horas recorrí sus calles, conocí una escuela indígena bilingüe con énfasis en desarrollo artesanal, profundicé con los docentes en el estudio de la metodología de alfabetización, recibí una serenata de música tradicional y un lindísismo butaco de regalo. Durante esas cinco horas sentí una tranquilidad y una profundidad que no es cotidiana en la vida acelerada de la ciudad, que no es común para mi, sobre todo en esta época, pero que de alguna manera siempre estoy buscando.
Quedaron muchas cosas personales pendientes: un recorrido por el Valle, subir al mirador a observar el paisaje, hacer un limpieza con una toma de yagé, escucha los relatos de los indígenas, aprender, sentir...
Me quedo con muchas sensaciones de esta visita. Ahora estoy de nuevo lejos de ese mundo. Ahora estoy de nuevo sentado frente a un computador. Mañana continúa el viaje

martes, 4 de septiembre de 2007

Quiero regresar, me hace falta escribir, pero he estado en uno de esos momentos en los cuales es necesario el silencio, ese personaje oculto que espera en las sombras a que alguien lo requiera. Mi vida ha dado vueltas, ha cruzado intersecciones, se ha ido al abismo y ha vuelto a salir. Me miré en el espejo y no me gustó lo que encontré. Entonces debo decidir entre no mirarme o cambiar lo que veo, despojarme de las máscaras y buscar mi centro, atravesar las heridas entre el viento y los laberintos.
Quedan aún muchos rastros de las batallas, incluso algunas todavía se están librando; quedan muchas palabras enredadas en la punta de los dedos; quedan muchos miedos anclados debajo de la piel. Las historias no se terminan de contar todavía; ella está ahí. Y todo también.
Gracias a los acompañantes en este proceso...