A propósito de la última entrada, me pregunto cúales son las dinámicas internas que nos llevan a someternos a las rutinas que desgastan, agotan y causan una lenta muerte. ¿Cómo tomamos el camino por el que tantas veces nos prometimos no ir? ¿Cómo perdimos, sin darnos cuenta, la capacidad de asombrarnos, de reencontrarnos en el espejo, de respirar profundo y de vivir?
Una mañana, entre el café y el sonido de la calle, descubrimos que no somos lo que que habiamos planeado, reconocemos con dolor que los sueños y las imagenes se desvanecen entre los dedos y que, lejos de lo que esperabamos, nos hemos convertido en un punto sin corazón en medio del blanco y del negro, y de las manías que en algunos casos nos liberan de las obsesiones.
Ahí descubrimos, en algunos casos, que la única manera de vivir es reconstruirnos violenta y suavemente, volver a encontrar un nombre entre las cenizas, tomar aire y saltar con los ojos cerrados.