miércoles, 30 de mayo de 2007

A propósito de la última entrada, me pregunto cúales son las dinámicas internas que nos llevan a someternos a las rutinas que desgastan, agotan y causan una lenta muerte. ¿Cómo tomamos el camino por el que tantas veces nos prometimos no ir? ¿Cómo perdimos, sin darnos cuenta, la capacidad de asombrarnos, de reencontrarnos en el espejo, de respirar profundo y de vivir?

Una mañana, entre el café y el sonido de la calle, descubrimos que no somos lo que que habiamos planeado, reconocemos con dolor que los sueños y las imagenes se desvanecen entre los dedos y que, lejos de lo que esperabamos, nos hemos convertido en un punto sin corazón en medio del blanco y del negro, y de las manías que en algunos casos nos liberan de las obsesiones.

Ahí descubrimos, en algunos casos, que la única manera de vivir es reconstruirnos violenta y suavemente, volver a encontrar un nombre entre las cenizas, tomar aire y saltar con los ojos cerrados.

lunes, 28 de mayo de 2007

PARA TI

Ella es la confirmación de mis presentimientos,
el final de la búsqueda

Es la hipótesis comprobada sobre la felicidad,
la última escala

El refugio para las tormentas,
la brújula
y el hada que aparecía en mis sueños

Es la madrugada y es la noche,
la locura que me mantiene en pie

Ella es el cántaro donde reposan mis palabras
el rumor de los bosques
mis alas y mi vida

martes, 15 de mayo de 2007

Al abrir los ojos lo había olvidado. Una sombra alcanzó a escurrirse por debajo de la puerta. Siempre iba detrás, esperando, aguardando, vigilando. El olor a tabaco todavía rondaba entre los hilos de aire. Su respiración profunda y sosegada no acabó nunca de acostumbrarse. Así como nunca se acostumbró del todo a verlo frente a ella todas las mañanas, como un espejo del que no tenía escapatoria. Y en él, un reflejo guardado para toda la vida, una mujer vieja y ansiosa esperando un milagro: ser feliz.

Definitivamente lo había olvidado. No porque no recordara los tres años juntos; o la primera vez que lo vio en la clase de baile; o las cartas puestas con delicadeza debajo del tapete de la entrada; o las miradas a pesar de los invitados a las comidas en casa de su hermana; o la primera vez que se dio cuenta que ya no era indispensable. Ese día empezó a olvidarlo.

Lo primero que sucede cuando se empieza a olvidar a alguien a quién se le ha jurado que nunca va a ser olvidado es el cambio, casi imperceptible, en la forma de respirar. El tiempo que tarda el aire desde que entra hasta que sale es cada vez menor, ya no hay ningún paisaje para contemplar; la vida se hace angosta y apretada. Después cambia la forma de mirar, los olores se mudan y las manos se vuelven ermitañas por elección, se esconden entre los bolsillos o alucinan.

Ahora se preguntaba si no había empezado a olvidarlo desde el primer día. Después de todo, la idea de confirmar la derrota antes de la batalla siempre daba buenos resultados. La profecía y la rendición al mismo tiempo. Él empezando a vivir, ella muerta desde el comienzo.

viernes, 11 de mayo de 2007

DE REGRESO

Finalmente volví a escribir. Como lo mencioné antes, retomé una novela que apenas había empezado. Y varias cosas pasaron:
  • De las viejas palabras, pocas sobrevivieron; las primeras se fueron muy rápido, otras permanecieron durante algunos días en cuidados intensivos pero tampoco se salvaron

  • La escritura volvió a convertirse en un espejo en el que necesariamente me observo, sin máscaras
  • Estuve hablando con una persona que ha conquistado esas verdades que se convierten en sentencias. Me dijo: "de lo único que hay que preocuparse cada día es de hacer lo que nos gusta y de ser felices con eso". A mi me gusta escribir

  • Mis personajes empezaron a saludarme en la calle, a dejarme mensajes en mi cuaderno y en la mesa del computador. Algunos, incluso, se sentaron a mi lado durante el almuerzo. Por fortuna no quisieron comer

  • Escribí un texto para un concurso de cuento corto en Viña del Mar. Me gustó

sábado, 5 de mayo de 2007

Anoche pensaba en las circunstancias que han ido marcando mis historias. Acababa de tener una comida con algunos amigos, situación que no suele darse muy a menudo, por mi tendencia a estar conmigo mismo más que con los otros; me despedí después de un crepe de palmitos de cangrejo y un siempre maravilloso helado de brownie con caramelo. Ellos continuaron con la segunda parte de la noche, yo preferí dar la vuelta y caminar hasta mi casa, con el aire frio mirándome de cerca.

Mientras recorría las calles y los recuerdos, percibí un ligero sabor de satisfacción y tranquilidad, la noticia de la posibilidad siempre presente de dejarme tentar, y salir victorioso, del contacto con personas unidas a mi por afectos y coincidencias. Eso, más allá de mis normas de vida, algunas veces puede resultar mejor que el brownie con caramelo.