Quienes son seis en el eneagrama no sólo no dejan de pensar sino que hacen de esto una forma de vida. Una manera de ir andando el camino que se vuelve molesta y poco espontánea. Y ahí yacen los sentimientos y especialmente las acciones, entre las corazas que se van tejiendo a lo largo de la vida para evitarse a si mismos. Los eternos pensadores crean previamente las condiciones y las consecuencias; vaticinan los desastres en los que pueden convertirse sus decisiones y entonces no deciden, y entonces no actuan. Hay otros que lo disimulan en medio de actuaciones arrolladoras que no son más que acciones defensivas contra lo que están pensando.
Alicia, mecida por la hamaca como un vientre cálido y seguro, piensa de nuevo en llamarlo, como lo ha hecho desde la última vez que lo vio, unos días antes de viajar a Buenos Aires. Traza la ruta de los dedos en el teclado del teléfono; la voz que tanto espera. Diseña con presición cada palabra y cada respuesta. Suspira y así ensaya. Se pregunta por las consecuencias y en lo que pensará si lo llamo. Se pregunta cómo será su vida después de esa llamada...