martes, 25 de diciembre de 2007

Quienes son seis en el eneagrama no sólo no dejan de pensar sino que hacen de esto una forma de vida. Una manera de ir andando el camino que se vuelve molesta y poco espontánea. Y ahí yacen los sentimientos y especialmente las acciones, entre las corazas que se van tejiendo a lo largo de la vida para evitarse a si mismos. Los eternos pensadores crean previamente las condiciones y las consecuencias; vaticinan los desastres en los que pueden convertirse sus decisiones y entonces no deciden, y entonces no actuan. Hay otros que lo disimulan en medio de actuaciones arrolladoras que no son más que acciones defensivas contra lo que están pensando.
Alicia, mecida por la hamaca como un vientre cálido y seguro, piensa de nuevo en llamarlo, como lo ha hecho desde la última vez que lo vio, unos días antes de viajar a Buenos Aires. Traza la ruta de los dedos en el teclado del teléfono; la voz que tanto espera. Diseña con presición cada palabra y cada respuesta. Suspira y así ensaya. Se pregunta por las consecuencias y en lo que pensará si lo llamo. Se pregunta cómo será su vida después de esa llamada...

jueves, 13 de diciembre de 2007

Desde hace algunos días Antonio está en la superficie de su memoria, deambula por los hilos delgados que nunca logró cortar. El libro que le prestó Verónica fue una disculpa para justificar su necesidad de recordar. “Razón Céfiro tiene para adorar a Flora; es el más bello objeto del que gozar pudiera, vemos cómo a su brillo los afanes se olvida, como las libertades ante Aquella que adoro. ¿Quién a la Aurora, oyendo los volantes milagros, que he escuchado en el bosque, no se arrebataría? Siento que con las flores mi corazón se expande y aún quiere responderlas mi laúd descuidado…“ La llevó a su casa, le preparó un mocachino no muy caliente y le leyó los 7 sonetos de Antoine Girard antes de quedarse dormido. Después le regaló el libro para que leyera los otros 44; ya sabía de que hablaba cuando en clase analizó el barroco francés y sus piernas temblaban y en sus oídos todavía susurraba y sus manos en mi vientre. “… La hierba al Aire ríe con aire voluptuoso; contemplo en esta orilla tortuosa y feroz la dulce luz del sol que acaricia las ondas. La mañana y la tarde besa el Día a la Noche; todo se abraza y ama, como si sólo el Mundo renazca en Primavera para morir de amores (Ne ranait au Printemps que puor mourir d’ amour)”.

La lluvia se mantiene, oscila entre las luces de otros edificios de 17 pisos, de otro apartamento con un balcón para dos sillas pequeñas y una petunia con poca tierra y mucho frío, de otros amigos esperando para comer en otra mesa en roble o de otra madera, y cerca de la ventana otra Alicia con las gotas de agua caminando despacio sobre sus mejillas recuerda a otro profesor de literatura y hace un esfuerzo, más allá del valor que creía tener, para no derrumbarse en la sala de otra Verónica que se apura en la cocina. Y en ese otro apartamento también deambulan otros personajes con los mismos nombres y con las mismas historias, repitiendo las escenas de vidas cruzadas y de encuentros que nunca por ningún motivo son casuales. En esa otra sala también hay una hamaca que sirve como refugio.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Regresé, no sólo de Porto Alegre, lugar del cual volví hace varias semanas. Regresé de nuevo de otro silencio. Es curioso cómo aquellas cosas que más amamos en la vida suelen ser las primeras afectadas con las tormentas y el despertar de los monstruos interiores. Los mios han estado haciendo mucho ruido en los últimos meses, las batallas han sido fuertes y con muchas heridas, en medio de campos conocidos y de otros nuevos. Como siempre, los espejos han seguido muy de cerca los acontecimientos, como testigos o como inquisidores; aquí están.
Los hilos de las palabras se han ido perdiendo y encontrando entre las ruedas del laberinto, el lugar que nos habita pero del que no conocemos mucho. Tantas sombras han cruzado en estos días...
y aún así...